miércoles, 9 de mayo de 2012

Respuestas perdidas

A veces las preguntas redundan. No sería necesario que busquemos en todo una respuesta. Cuántas veces sufrimos por escuchar lo que no queremos oír esperando oír lo que queremos escuchar. Cuántas veces una ilusión se cae a pedazos por alimentar un sueño consolidado en bases de flojos cimientos que son apenas el comienzo de un fracaso impulsado por esos motores propios que quién sabe, alguien los maneja. Cuántas veces percibimos el peligro queriendo taparlo con nuestras propias mentiras producto del deseo y no de la consciencia, anulando nuestros sensores. Cuántas veces transformamos el peligro para autoengañarnos. Preferimos hacer la vista gorda para evitar caer en esos detalles que ya sabemos siempre están y son los mismos que nos amargan el camino. Los mismos que lo hacen más largo, lo oscurecen, que nosotros creemos esquivar, creyendo que podríamos llegar por senderos más cortos. Es casi un juego donde las penalidades se viven y los triunfos se saborean. Las reglas parecen claras pero de claras cada uno hace las suyas. Lo normal y lo anormal se disuelve en criterios asimétricos de pensamientos. Las estrategias que soñamos suelen funcionar cada año bisiesto. Y cada año bisiesto nos olvidamos que alguna vez pueden funcionar. Como acostumbrados a las discrepancias. Esas seis horas anuales sobrantes que cada cuatro años nos permiten recuperar un día que dado por perdido ya estaba. Las cosas salen a su manera, siempre de la forma que jamás hubiésemos imaginado y no menos buenas por eso. Nos enrocamos para no abandonar nuestro tablero de juego, que lejos está de tener solo sesenta y cuatro escaques, pero que puede dejarnos afuera aún siendo infinito. Tratando de alimentar esa adrenalina que nos mantiene en vísperas, nos quita el sueño, el aire y la calma pero que nos gusta y apasiona. Buscando en cada desafío una nueva forma de vivir. Disfrutando de las anécdotas de aciertos y fracasos que con el tiempo van cambiando de color. Escribiendo las hojas de nuestro propio libro va resultando más emocionante caminar por la cornisa, haciendo equilibrio, estudiando cada paso sabiendo que de no pisar correctamente algo puede salir mal. Sintiendo la presión. Autodesafiándonos. De los golpes se aprende y de los golpes voy aprendiendo. Las lastimaduras van dejando cicatrices y mis cicatrices acarrean enseñanzas. Enseñanzas que nunca bastan para resolver el capitulo siguiente. En este día gris de Mayo me entrego a tu nostalgia. Y no por gris triste. Pero si triste sin vos.. Algún día responderás por qué te fuiste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario