sábado, 26 de mayo de 2012

Por la herida nace el oficio

Él vive para ella, está entregado. Todo gira en torno a su luz. Nada lo saca de su órbita. Ella sabe cómo tenerlo. Lo domina. Lo controla. Lo eleva hasta lo más alto y lo arrastra por exceso. Lo hace sentir inmensamente grande y también el ser vivo más pequeño del universo. Él muere de celos y ella lo trata de enfermo. Él la quiere proteger y ella se siente avasallada. Ella sabe qué hacer en el momento indicado. Tiene habilidad y sabe usarla. Él sólo se deja llevar por su amor incondicional. Ella lo mira y él está a la espera de sus palabras. Él habla y ella no responde. Ella habla y él es todo oídos. Ella lo denigra y él aún sigue ahí. Él quiere ser aun mejor y ella le resalta sus peores defectos. Él piensa en no fallarle. Ella lo maltrata. Le falta el respeto. Él sufre de insomnio. Ella no sabe de qué le habla. Ella está esperando sus errores. No encuentra felicidad en sus aciertos. El empieza a cansarse, sus ganas ya no son las mismas. Se va dando cuenta que su amor no es recíproco. Su órbita va perdiendo fuerza. Su luz se va apagando. Ella, ahora, empieza a valorarlo. Se da cuenta de cuan importante es él en su vida. De lo feliz que la hace. De cuanto la quiere y la cuida. Empieza a entenderlo. Pero ya no lo domina ni lo controla ni lo entusiasma como antes. No puede aún queriendo. Intenta todas sus maniobras y ninguna funciona como solían hacerlo. Nada acapara su atención. Él comienza a retirarse y ella se da cuenta que muere de amor por él. Ella intenta no perderlo pero para él ya es demasiado tarde. Ella llora lamentando el tiempo perdido a su lado sin haberlo reconocido. Él ya no derrama una lágrima por ella. Decide aferrarse al desamor. Una historia más del montón que abundan. Un corazón más que pierde por egocéntrico pero que seguro aprenderá del error. Otro corazón más que se aflige y se cierra para no volver a caer. Para no volver a sangrar. Otras dos personas que se dejan de amar.

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