Espacio de libre interpretación. Mimetización con el personaje. Catarsis. Liberación. Alivio.
lunes, 2 de agosto de 2010
Justicia divina
Siento que las cosas se dan por algo. Al hilar fino parecería como si una justicia divina fuese la encargada de digitar todo lo que nos ocurre en este bendito planeta. Como si en el transcurso del tiempo la balanza de bueno y malo tuviese que estar equilibrada. Existen los religiosos, los que tienen Fe, los que no creen en nada. Yo soy religioso por una tradición familiar. Pero reconozco que me acuerdo de Dios cuando me conviene. No voy a misa de doce ni rezo por las noches. Simplemente se que está. En algún lado pero está. Nos ve. Nos analiza. Nos guía. Nos cuida. Creo en él pero no creo en la Iglesia. No estoy de acuerdo con el sistema que han generado. A raíz de una creencia milenaria se han ido por las ramas por razones que seguramente no entenderíamos. Llámese Dios o como sea, es imposible negar existe alguien o algo que se ocupa de mantener nuestras balanzas equilibradas. De mantener el orden. De poner cada cosa en su lugar. Todo lo malo sigue de algo de bueno. Y todo lo bueno ocurre en recompensa por algo malo. Si hacemos una mirada hacia el pasado nos daremos cuenta que nuestras historias se conforman de buenos y malos momentos. Sufrimos malos momentos propios de la vida misma, inevitables. Que a veces suelen ser mucho más duros que lo normal. También solemos sufrir malos momentos o cosas malas generadas por nosotros mismos que siendo desde otra óptica quizás no serían tan malas. Mientras que los buenos momentos o cosas buenas fluirán continuamente. La virtud está en saber reconocerlo. Siempre manteniendo un equilibrio. Y cuando digo buenos momentos o cosas buenas me refiero a situaciones placenteras, buenos gestos, cariño, agradecimiento, reconocimiento. Para algunos, determinada situación puede ser más importante que para otro. Con el pasar de los años, aquellos buenos momentos que no parecían ser tan buenos van tomando valor. Van trepando en nuestra escala de valores. Esas pequeñas cosas ya no son tan pequeñas, pasan a ser grandiosas. Muchas veces bajamos los brazos. Completamente desanimados queremos tirar todo a la basura. No encontramos una explicación lógica que nos de una ayuda. No hacemos más que preguntarnos por qué a mí. Mientras que hay momentos en los que todo nos parece tan bueno que no sabemos de dónde nos va a venir el palazo, como si estuviéremos acostumbrados a que lo bueno no dure y que lo malo se haga notar enseguida. Muchas veces me consuelo con una frase: “no hay mal que por bien no venga”. No se de quien es ni de donde proviene pero me ayuda a salir. Encuentro en lo malo algo bueno. Y lo positivo es que de ese mal algo bueno va a venir. El camino es muy largo, no debemos desesperar que nuestro juez está librado del azar. El que tiene que pagar, pagará.
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