Es difícil de explicar.
Es una sensación intransferible.
Todos pueden opinar, aconsejar, recomendar o sugerir.
Todos lo hacen. Como si supieran.
La decepción es grande aunque no lo parezca.
El ardor sigue doliendo aunque no lo demuestres.
No importa cuánto intenten ayudarte, vos no lo percibís.
Venís cayendo y aun no alcanzas a tocar fondo.
No podes creer lo que te está pasando. Lo que te pasó.
Te la jugaste una y mil veces. Y te la jugaste mal.
Diste todo lo que tenías.
Pusiste en juego todas tus fichas.
Arriesgaste todo sin importar lo que podía pasar.
Sin medir consecuencias. Sin analizar lo más mínimo.
Creías en vos y en lo que te hacían creer.
Dejaste muchas cosas de lado. Alteraste tus prioridades.
Alteraron tu forma de pensar, tu forma de vivir.
Cerraron tus fronteras.
Bloquearon la esencia que te diferenciaba del resto.
Arruinaron el retrato de tu modo de vivir.
Redujeron tu forma de actuar.
Acrecentaron los temores que antes no se hacían notar.
Hicieron de tu generosidad una hoja de papel.
Enfriaron tu sangre. Cambiaron el rojo pasión por un azul noche.
Te quitaron las vendas para ponerte una máscara.
Una máscara que todavía no sabes de qué se trata.
Cerraron tus ventanas. Te quitaron la luz natural.
Pero nadie más que vos para vivirlo. Para sentirlo.
Para experimentarlo. Para asimilarlo. Para aprender de eso.
Solo vos sabes lo que significa estar ahí.
Solo vos sabes si estas en el camino correcto o no.
Buscas justificar tus acciones. Como tratando de aliviar culpas.
Pero al fin y al cabo sabes que justificarte no ayuda en nada.
Simplemente retraza el dolor, dilata el placer.
Algún día volverás a ser lo que eras. Aprenderás de tus errores.
Comenzarás de nuevo. Sin temores, sin miedos. Sin nostalgia, sin melancolía.
Sin los fantasmas que hoy te persiguen y obstaculizan tu vida.
Algún día encontrarás tu contraparte y serás feliz en ella y con ella.
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