Puede dejar de comer. Perder unos kilos. Puede dejar de ir a trabajar. Puede perder las ganas de hacer esa presentación. Puede dejar de estudiar. Puede olvidarse de su familia. Puede caer en una depresión. Puede llorar. Puede pasar horas sin dormir encerrado en su habitación. Caminando de lado a lado, casi como un histérico sin sentido, cuestionándose lo que ya no tiene solución. Lo que ya no puede revertirse. Lo que ya es historia. Puede morir de amor por ella..
Pero no muere. Se apoya en sus amigos, en sus seres queridos. Esos que siempre van a estar ahí, físicamente o no, pero que siempre están. Tiene que pasar por eso. Tiene que vivir ese momento de angustia con sabor a condena, con mezcla de culpas y con el sello de la decepción. Tiene que llorar. Tiene que patalear. Desahogarse. Tiene que vivirlo para luego revalorar su vida. Para arrancar de nuevo. Como el águila cuando se rejuvenece para volver a volar otros veinte años más. Para entender que nada ni nadie puede arruinarnos el momento. Para saber elegir. Para aprender a distinguir lo necesario de lo innecesario. Por eso es que no morimos, nos fortalecemos. Nos volvemos ariscos. Nos tornamos ásperos. Egoístas.
Nosotros nos acercamos. Y ustedes nos alejan..
Amigo: Bienvenido al Club.. ‘Un lugar para quedarse’..
No hay comentarios:
Publicar un comentario