Pones tu estado en ocupado pero estas ahí pendiente de lo que hace o deja de hacer.
Te crees viva porque no atendes sus llamadas ni contestas sus mensajes.
Estas esperando a cruzarlo para ignorarlo. Actuar como si no lo hubieses visto. Pero te morís por ver sus ojos. Su expresión. Su cara.
Cuando te compras algo pensas en él. Si le va a gustar o no.
Cuando te vestis también pensas en él. Cuando te maquillas seguís pensando en él. Tu espejo lo sabe pero no puede hablar.
Queres que te vea donde sea. Vos estás preparada para lastimarlo.
Tu éxito no es éxito si él lo desconoce. No se disfruta.
Cuando te acostas con aquel otro seguís pensando en él. Queres que se entere. Que sepa que vos también podes. Que tu poder sigue intacto. Que no sólo él te desea. Producto de tu inseguridad.
Mientras fingís gozar estás pensando en él. Tus falsos besos son la evidencia de tu decadencia.
Tu vida gira entorno a la suya. Crees que lo olvidaste y te convences de que ya fue. Te autoengañas. Te mentís a vos misma.
No estarás libre hasta que tu cabeza deje de pensar él. Hasta que reflexiones lo que queres. Hasta que dejes de lado tu orgullo, tu instinto competitivo. Y entiendas que el amor no es una competencia ni una demostración de presencia.
El daño que te hagas saldrá a la luz y nadie podrá salvar tu culpa. El arrepentimiento será tu peor condena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario