Espacio de libre interpretación. Mimetización con el personaje. Catarsis. Liberación. Alivio.
martes, 28 de septiembre de 2010
Élla y un cobarde..
No tuve la valentía de hacer algo con mis pensamientos. Solo desayunaba todas las mañanas en el café de siempre y esperaba cada día a las 8.15 aproximadamente para verla llegar al estudio donde trabajaba o quizás trabaje.. Su pelo mojado, un flequillo divino. A veces, con botas marrones, a veces claritas y no tanto, y otras negras, sobre los jeans. Recuerdo algún saquito blanco y alguna cartera. Siempre apresurada. La dejaban en la esquina o en la puerta, dependiendo el sentido de donde venía quien la traía. Su padre, supongo. Verla tenía una duración de casi 30 segundos por reloj. Si alcanzaba a verla desde la esquina podía llegar a los 45 segundos. Me había enamorado de su forma de llegar. De su forma de abrir la puerta. De su caminar. De su figura. De su rostro. Su belleza exterior me hacía creer que su interior era aún más lindo. Verla llegar se había convertido en mi incentivo para arrancar el día. No supe su nombre hasta mucho tiempo después. Siempre traté de imaginar una forma de llegar a ella. Pero mi cabeza estaba a mil. Mi vida que me perturbaba y hacía retrazar mi plan de encuentro. Una sola vez la crucé en un lugar. Me quedé atontado al verla. O más tonto de lo que soy tal vez. Tenía una pollera.. o un vestido.. no lo sé.. blanco y negro. Ni una palabra me salió. Su círculo de amigas me intimidó aun más. Solo pude admirarla. El tiempo pasó. La seguí viendo todos los días sin saber su nombre. Fue un amor platónico. Hoy sé su nombre y algunas cosas más. Pero también sé que su corazón está ocupado y lejos de dejarme entrar. Ya no voy más al mismo café ni la veo más. Ojala la encuentre alguna vez en otro lugar.
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